Un “mandado” local mal hecho…

 

LOS JUANES, NOTA EDITORIAL

Cuando el 18 de marzo de 1998 la Corte Constitucional eliminó la tarjeta profesional para periodistas, muchos pusieron el grito en el cielo porque eso significaba que cualquier “pelagato” pudiera hacer periodismo. Sin embargo, ese argumento se fue diluyendo con el tiempo y quedó en el olvido, porque los que defendían esa tesis fueron tildados de prepotentes y egoístas.

La Corte en su sabia interpretación de la Constitución esgrimió que con el fallo se “reivindica la libertad de expresión y el derecho a la información y advierte que la posibilidad de informar no puede convertirse en privilegio de unas cuantas personas”.

El maestro de maestros, magistrado Carlos Gaviria Díaz en su proyecto de fallo adujo que la exigencia de la tarjeta profesional se estaba convirtiendo en mordaza y prácticamente en una forma de censura. Sus ocho colegas lo apoyaron y ese documento ya es historia patria. No es ningún requisito legal para ejercer la profesión de periodista.

19 años después de ese hito jurídico llegamos a la conclusión que los primeros tenían algo de razón, porque  la verdad sea dicha, muchos de los que ostentaban la famosa “tarjeta” de la época no eran propiamente virtuosos de la verdad.

Antes de 1998 los interesados en tener tarjeta profesional de periodista tenían dos vías: presentar un título profesional de comunicador social y/o periodista o certificar la experiencia. Era un secreto a voces que muchos conseguían constancias, unas falsas y otras reales, y así lograban acreditar la trayectoria para obtener ese papel. Esto confirma que la profesión de comunicar, de informar, de opinar, es un acto de responsabilidad moral y ética de cada quien, sin necesidad de un cartón enmarcado y colgado en la pared o de una tarjeta laminada en la billetera.

Semejante reflexión es para demostrar sutilmente que periodista puede ser cualquiera, desde que guarde unos mínimos preceptos que solo el sentido común ordena. Algo así como lo que se aprende en casa.

Y es anillo al dedo, porque hay un caso en el Quindío que es necesario dar a conocer. Se aclara, no porque no tenga estudios universitarios una persona se debe estigmatizar. No. El llamado de atención respetuoso pero serio se sustenta en su “estilacho” periodístico de crónica roja, sensacionalista, de barandilla de juzgado con tufillo de violación de la reserva del sumario y del debido proceso, en contubernio con algunos funcionarios judiciales irresponsables, no más.

Después de repetidas metidas de pata, con no solo imprecisiones sino protuberantes fallas sintácticas, morfo lingüísticas, gramaticales, de coherencia, de conceptualización, de sindéresis y hasta ortográficas, un “pseudo” periodista que se hace llamar “Periodismo Investigativo” viene adjudicándose las “chivas” de la fiscalía y ahora posa de gurú de la política, vaticinando alianzas absurdas e ilógicas.

La tapa del congolo fue esta mañana de sábado, cuando el “comunicador” soltó en una emisora de FM de Circasia un arsenal de comentarios insensatos de orden político de la Cámara de Representantes, en el que incluyó irresponsablemente a la ex directora administrativa de esa entidad, a la quindiana Gloria Inés Raigoza Pinzón, quien ostentó ese cargo por más de cinco años.

Con respecto a las elucubraciones de orden político no es necesario referirse, porque son traídas de los cabellos y causan hilaridad, pero en lo que sí es necesario hacer un alto, es en el informe de Transparencia por Colombia, recientemente dado a conocer a la opinión pública nacional.

El “investigador periodístico”, quién sabe con qué intención de hacer una “vuelta” local, azuzado por fuentes muy seguramente de la capital del país, lanzó máximas y mínimas adjudicando créditos, entregando estrellas de plata y menciones honoríficas, pero también endilgando responsabilidades siniestras, sin ninguna prueba contra la economista Raigoza Pinzón, una de las pocas altas funcionarias quindianas que ha tenido recientemente el departamento en las esferas del poder público nacional.

Lo más grave es que el “analista” no leyó y le creyó a ojo cerrado a su fuente.

No se necesita ir a ninguna universidad, ni tampoco ser bachiller para saber que si una fuente le entrega a un periodista un dato, por confiable que sea la persona, lo primero que se debe hacer es verificar la veracidad de ese testimonio, pero no fue así.

Afirmar que el avance en materia de vulnerabilidad en riesgo de corrupción de Alto a Medio en la Cámara de Representantes es gestión de su actual directora, la santandereana Carolina Carrillo, es más que absurdo sino ilógico e imprudente, así la misma señora Carrillo hubiese expedido un comunicado de prensa en ese sentido, (Ver Comunicado de Carolina Carrillo) que la verdad causó enorme sorpresa y estupor, siendo muy grave que sus asesores no le hicieran caer en cuenta que la estaba embarrando, toda vez que la fecha de evaluación del informe, como dice el mismo reporte oficial de la ONG Transparencia por Colombia, es de enero de 2015 a abril de 2016, y la señora Carrillo se posesionó en julio del mismo 2016, lo que indica que ella no era la directora administrativa de la Cámara de Representantes en el lapso de medición, porque el cargo aún lo ostentaba Gloria Raigoza, quien junto a Alfredo Deluque Zuleta, el que era Presidente de la Cámara de Representantes en ese momento, enmendaron con creces un error humano, que le costó una baja calificación a la entidad un año atrás. Riesgo de corrupción de la Cámara de Representantes pasa de un nivel “Muy alto” a “Medio”

Señor “Periodismo Investigativo”, quien ahora firma con el eslogan “A mucho honor”… Un Mandado Mal Hecho, porque primero hay que leer, verificar, confrontar, valorar y no tragar entero todo lo que una fuente por importante y encopetada que sea, le entregue a un periodista.

Colofón: toda, absolutamente toda la admiración y consideración a los colegas periodistas empíricos, verdaderos maestros del conocimiento de la tarea de informar con dignidad, decoro y estoicismo. Unos se han hecho en forma autodidacta con la única fórmula que existe, no hay otra: leyendo, leyendo, leyendo y escribiendo, escribiendo, escribiendo! Otros, siendo profesionales universitarios de otras disciplinas, honran micrófonos, portales e impresos…

Ryszard Kapuscinski: ‘Para ser buen periodista hay que ser buena persona’

Un “mandado” local mal hecho…

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