Turismo sexual cafetero, una inquietante realidad

Exclusivo Los Juanes – Armenia

El sonado operativo que se adelantó en Cartagena en contra de redes de prostitución y proxenetismo, determina una realidad que se viene viviendo en todo el país, donde la descomposición social, pérdida de valores, la falta de oportunidades y los problemas de desigualdad, propios de este país, motivan este tipo de prácticas.

Los Juanes establecimos contacto con varias personas que trabajaron en este mismo negocio en el departamento del Quindío, quienes quisieron compartir la información con el fin de generar conciencia y llamar la atención de las autoridades con el fin de reforzar las acciones que se vienen desarrollando para combatir el llamado turismo sexual.

Un fenómeno social

La prostitución es un oficio de toda la historia y aparece en todos los relatos históricos de la humanidad, pero en los últimos años se ha convertido en una forma de “supervivencia”, o de mantener un nivel de vida alto, estar a la moda y “tener lo que yo quiera sin tener que rogarles a mis papás”, como nos dijo una de las jóvenes que trabajan en esta actividad. Todas las fuentes que contactamos para este reportaje nos solicitaron reserva total de su identidad.

Desde que el turismo en el eje cafetero empezó a convertirse en una actividad importante, el comercio sexual de mujeres y hombres empezó a segmentarse, de manera clandestina y usando como “gancho” las redes sociales. “Es muy común encontrarse en un restaurante con un extranjero, hombres de edad y unas chicas muy bellas, que actúan como damas de compañía”, dijo a Los Juanes “JM” un proxenetas que lleva más de diez años en el oficio. Explica que ellas deciden si tienen sexo con sus clientes, situación que aumenta la tarifa, aunque muchas solo viven de eso, ser como unas guías que se encargan de acompañar a los turistas solitarios.

“Yo soy de buena familia, mis padres han tenido “modo” pero desde el terremoto ellos me dicen que entraron en una situación económica difícil y me dejaron de dar gustos. Yo conocí a una amiga en la Universidad que trabaja en esto y decidí hacerlo, pues manejo el inglés, tengo clase, conocimiento y sirvo de compañía para hombres del exterior que vienen buscando eso”, nos aseguró otra de las chicas, una bella joven de 25 años, que en cualquier escenario no levantaría sospecha alguna de que trabaja en esta actividad y que entre sus vecinos del barrio La Castellana, es una más de la barrita de amigas y perteneciente a una “distinguida” familia.

El consumismo propio de esta sociedad moderna pasa su factura en estos casos. Las jóvenes que enfrentan algún tipo de dificultad en materia económica quieren seguir viviendo al nivel de sus amigas, o como lo mandan los medios de comunicación y redes sociales que imponen patrones de comportamiento, justifican este tipo de actividades para sostener ese nivel de vida.

“El fenómeno afecta todos los sectores sociales, y la figura de “prepago” se convirtió en un estilo de vida lamentablemente”, aseguró el profesor Wilmer Méndez, expertos en temas sociales. Para el especialista, este es un fenómeno complejo, casi que difícil de evitar porque la desigualdad económica siempre va a existir y ahí aparecen las mujeres y hombres vulnerables a este tipo de negocio.

 

Ella, con 25 años de edad sigue trabajando en este negocio en el Quindío. Pertenece a una “agencia” que maneja un proxenetas y logra derivar recursos importantes producto de este oficio, que ses muy “normal” en la región por cuenta del turismo.

¿Cómo operan?

El mundo virtual facilita mucho la operatividad de este negocio. Actualmente en el Quindío los contactos se hacen a través de este escenario y los clientes se comunican de manera previa. La Policía de Turismo en el Quindío ha logrado identificar a algunos dueños de fincas o supuestos operadores que ofertan sus servicios “con todos los juguetes” y se ha procedido a sancionar algunas empresas. De hecho, en Montenegro algunos menores guías de turismo han admitido que son contactados por proxenetas para ofrecer el servicio cuando llegan turistas que, “piden niñas”.

Dentro de este trabajo investigativo, Los Juanes conocimos otra forma de operar: los reclutadores de chicas alquilan un chalet y se dedican a hacer fiestas los fines de semana y concretar por las redes sociales encuentros sexuales en esos lugares. Muchas veces los dueños de las fincas se dan cuenta del negocio clandestino, pero callan con tal de no perder el negocio y recibir su dinero mensualmente, que es sagrado y cumplido.

Otras jovencitas desde sus propias cuentas de Facebook, Instagram o Tinder se ofrecen y son directas a la hora de ofertar sus servicios. “Yo ya tengo muchos amigos en Cali, tipos de plata que se vienen un fin de semana para el Quindío y nos contratan para acompañarlos en fincas que alquilan”, aseguró otra de las jóvenes contactadas por Los Juanes. Justamente es Cali la ciudad de la cual se solicitan más este tipo de servicios y las autoridades adelantan labores de inteligencia con el fin de desvertebrar las redes que podrían coger fuerza como sucede en Cartagena.

“Yo he prestado servicios en hoteles, a gente famosa, incluso estuve con un narrador deportivo muy conocido, ya veterano, casado y con familia pero muy juguetón. En el mundial de fútbol me contrató y se “encarretó” conmigo y me pidió que lo acompañara todas las noches en la habitación del hotel, incluso me siguió llamando y me invitó la otra vez a Cartagena”, agregó la mujer, que ya entra a los 30 años y sigue siendo una bella mujer de tez blanca, ojos claros y un carisma especial que despista al más experto. “El negocio es tan bueno, que hasta para el gimnasio con instructores personalizados nos da para mantenernos en forma”, agrega.

Para el profesor Méndez mientras en el Quindío sigan existiendo todos estos casos de corrupción que afectan tanto a la región, el fenómeno del turismo sexual irá en aumento, pues se convierte en una forma de vida, como viene ocurriendo con las llamadas sex web cam, fenómeno sobre el cual nos vamos a referir en Los Juanes en una próxima entrega y a partir de una investigación que estamos realizando.

Turismo sexual cafetero, una inquietante realidad

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