¡Si Carlos Mario hubiese leído a Maquiavelo…!

Todos los estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento” – Nicolás Maquiavelo

Cuando el nombre del filósofo Carlos Mario Álvarez Morales empezó a sonar por los pasillos del Centro Administrativo Municipal, CAM, como el relevo de la alcaldesa de entonces, Luz Piedad Valencia Franco, muchos aplaudieron la idea que representaba un cúmulo de valores por su procedencia académica, ideológica y social. La opción se proyectaba como un bálsamo, una voz fresca y una actitud tranquila, sin el lastre y el desgaste político tradicional.

Aunque todos sabían que era el ungido de “Luzpi”, cientos de contratistas de la alcaldía se concentraron en la recolección de firmas con sus círculos cercanos,  con el fin de conseguir el aval del Partido Liberal, lo que finalmente se logró con alrededor de 10 mil ciudadanos comprometidos con el proceso. Esa es la verdad verdadera, en el CAM no lo pueden negar.

Durante la campaña se fue afianzando ese concepto de una mejor ciudad, basada en el respeto y con un enfoque, que aunque algo utópico, le devolvía la esperanza a los cuyabros con un toque de diferencia: trabajaría por  “la ciudad que queremos”,  que lo llevó finalmente a convertirse en el mandatario de la capital quindiana con más de 71 mil votos.

Una vez en el poder, pasó poco más de un año para que los armenios empezarán a evidenciar el verdadero comportamiento que el mismo padre de la ciencia política moderna, Nicolás Maquiavelo describe en su Best seller El Príncipe, en el que asegura que “el ejercicio real de la política implica situaciones reales con hombres y pueblos reales, cuyas conductas, decisiones y acciones, generalmente no responden necesariamente a la moral sino a las leyes del poder”.   

En otras palabras, una cosa es decirlo y otra hacerlo.   Todo contra lo que se había luchado durante la campaña electoral se estaba cocinando dentro de la administración. Las banderas de la batalla contra Sandra Paola y su protegido José Manuel Ríos, comenzaban a desteñirse y a rasgarse. Y aunque había muchos rumores, nadie podía esclarecer realmente lo que estaba sucediendo al interior del despacho, al que progresivamente dejó de frecuentar Luz Piedad.

Comienza la pesadilla

El primer cimbronazo se sintió a comienzo del 2017, con la salida de varios secretarios de despacho y muchos contratistas, curiosamente los más allegados a su jefe política, Luz Piedad Valencia Franco.  La crisis estaba cantada, pero las razones seguían siendo desconocidas. Ruido y chismes. Se decía de todo.

Se rumoraba que Carlos Mario quería el poder absoluto que le había otorgado el pueblo y no deseaba continuar compartiéndolo con la ex alcaldesa, de quien también se decía continuaba gobernando en la sombra, a su estilo, con su característica “rudeza”, lo que desveló algunas rebeliones internas que disgustaron a su círculo cercano, especialmente a su esposa Luz Patricia Loaiza y a Mayden Rocío Rojas, esposa de Luciano Grisales y otra gran protagonista de esta historia. Pero como destacara el mismo escritor italiano “los principados son más difíciles de adquirir cuando las armas y la fortuna son de otros, pues se depende de un conjunto de factores que lo condicionan”.

Pese a esto, Carlos Mario decidió mirar a otro lado y no fue capaz de evitar las trampas como el León, ni supo defenderse de los lobos como el zorro”.

Es en ese momento cuando de La ciudad que queremos (una ciudad con mejores deseos, ilusiones y esperanzas) se convierte en una pesadilla sin fin (anarquismo, desorientación, estancamiento y pugnas por el poder), no se sabe muy bien si por generosidad o por avaricia, y aunque quiso introducir en la comunidad la noción cotidiana de justicia es precisamente ésta la que lo tiene hoy a espera de un juicio penal, privado de la libertad y sin alcaldía, es decir, que “no siempre las buenas acciones son oportunas y eficaces”.

Lo más preocupante de todo es que hasta la fecha han pasado cuatro alcaldes en menos de 30 meses, los últimos tres, con una interinidad que para nada beneficia a la ciudad y si bien dentro de la administración los secretarios continúan haciendo lo propio para darle cumplimiento al Plan de Desarrollo, para nadie es un secreto que el gobierno va a media marcha y sin un verdadero liderazgo.  Las decisiones importantes se aplazan, los contratistas desconocen su futuro y nadie asume la responsabilidad de nada.

Lo que se espera entonces es que el gobernador Carlos Eduardo Osorio Buriticá, tal como lo ha anunciado en diferentes medios, actúe en derecho, más no de afán y permita que la decisión que tome encamine de nuevo a la ciudad, sacándola de la pesadilla en la que se encuentra estancada desde que las vanidades personales y el afán de poder que han esquilmado el corazón del Centro Administrativo Municipal, CAM: allí donde se suponía yacía el motor de amor por la ciudad.

 

¡Si Carlos Mario hubiese leído a Maquiavelo…!

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