Los desafíos del POT en el Eje Cafetero: construcción Vs. fuentes hídricas

Tras conocerse el concepto de un juzgado administrativo de Pereira que acogió una acción de la Procuraduría, la cual, declaró nulos seis artículos del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que solo protegían 15 metros de las rondas hídricas, pese a que la norma nacional establece un mínimo de 30 metros, para evitar que se realicen actividades industriales, o proyectos inmobiliarios dentro de esas áreas; fue imposible no recordar que en Armenia se había llegado a la conclusión por parte de muchos constructores, que “aquí no dejaban trabajar”, mientras en otras ciudades sí.

El fallo de las últimas horas, deja sin piso estos argumentos, entendidos desde esa mirada empresarial. Para comprender todo eso habría que empezar por preguntarse: ¿qué es el POT? Según la oficina asesora de planeación de ordenamiento estratégico “El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) establecido por la Ley 388 de 1997, es el instrumento mediante el cual los municipios integran y proyectan los usos del territorio, con base en un acuerdo ciudadano, en torno a estrategias económicas, sociales, ambientales y culturales”.

En general el Ordenamiento busca la disminución de los conflictos por apropiación y uso del suelo, propiciando el mejor aprovechamiento sostenible de los recursos descubiertos y en proceso de explotación, esto con la idea de generar conciencia por parte de los actores potenciales con las limitaciones de los recursos en todo el país.

No obstante, las restricciones existentes para ello han generado controversia en el mundo de la construcción en Pereira y Armenia.

¿Qué pasó en Armenia?

Esta polémica en la ciudad no es nueva. En el año 2017 se encendieron las primeras alarmas sobre la marcha urbana de la cuidad ante el auge de constructoras que se encontraban edificando en zonas que antes solo la fauna y flora conocían, eso, pese a que en el año 2011 el departamento del Quindío fue incluido en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, generando con ello el convenio con ONU Hábitat para la preservación de Paisaje Cultural Cafetero (PPC).

Se entiende la necesidad de promover el desarrollo económico en infraestructura, pero es importante que tenga las bases de sostenibilidad, unas que permitan proteger nuestro arraigo cultural, el cual, no está limitado a la imagen arquitectónica sino también a su entorno, que, en otrora, rodeada por cultivos de café ahora algunos árboles se escapan de verse invisibilizados por obras en proceso de construcción.

Desde el inicio de su gobierno, el exalcalde Carlos Mario Álvarez, ya era consciente del panorama y coincidió con los conceptos emitidos por la Procuraduría y derogó en diciembre del 2017 dos decretos, el 030 y 064, que frenaron algunos proyectos de construcción que no cumplían con los parámetros establecidos por el Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

Ese plan contempla el PPC, o al menos así está escrito, debido a ello, Diego Trujillo, procurador de Tierras y Sostenibilidad del Eje Cafetero, expresó el 27 de agosto del 2017 que “hasta ahora, lo que la Procuraduría ha percibido es que se está acabando con el PPC por donde se mire” y cabría pensar que la observación era exagerada, pero actualmente el casco urbano de Armenia pululan edificios y condominios en el mejor estilo minimalista, no en balde Fernando Carrillo, procurador General de la Nación, ya había afirmado para ese entonces que Armenia “está viviendo un ataque carísimo de la dictadura del cemento y el ladrillo”.

No se trata únicamente de un concepto de control y protección del paisaje cultural cafetero, sino de un debido manejo de las obras en la marcha urbana que no genere un impacto ambiental negativo.

Para ello, el POT establece unas directrices muy sencillas, entre ellas, que las construcciones cerca de las fuentes hídricas en zona rural se deben realizar a 30 metros y en zona urbana a 15 metros de estas, no obstante, para el año 2017 se hicieron efectivas algunas sanciones por la falta de cumplimiento de esta directriz al construir a 13 metros de la fuente hídrica. César Augusto Mejía, presidente de la junta directiva de Camacol Quindío expresó en aquella época que “30 metros es demasiado. Uno diría que no hay razón para 30 metros porque el volumen de agua que baja por esas líneas no necesita más de 5 metros en el momento de mayor afluencia”.

Quizá habría que agregar que la restricción no está determinada por el río sino por las limitaciones de las edificaciones lindantes a ellas, básicamente, se trata de una restricción para la prevención, que garantice que el rio o la quebrada no será contaminada y a su vez, el suelo en donde se construye no presentará problemas de deslizamiento.

¿Qué pasará ahora?

Fernando Arias, director de Planeación Municipal de Armenia dijo a este portal que las ciudades grandes tipo Bogotá, que nadie les hace nada deben empezar a preocuparse, porque esto ya se vuelve política nacional en el momento que los tribunales confirmen”.

“No es que caprichosamente un POT de Armenia o de Pereira haya dicho15 metros violando los 30, no es que las ciudades en su área urbana edificada que tengan fenómenos de riachuelos, quebradas y canales, se aceptaron tradicionalmente esas distancias, antes de los POT con los acuerdos que decían las normas urbanísticas y después del 2000 con el POT todas las ciudades adaptaron dimensiones diferentes en lo urbano y en lo rural, entonces ahorita la procuraduría con los denuncios quiere unificar el tema de lo rural y lo urbano, entonces son argumentos de lado y lado, todos muy válidos, pues la justicia dirá la última palabra.

Esos son procesos muy demorados, tanto no salga el último fallo nadie tiene la razón”, indicó el experto.

La importancia de esta restricción, que se presenta no solo en Pereira o en Armenia, radica en que el tema ambiental se volvió de primer nivel en todas las políticas de territorio, por tanto, una prioridad.

El desarrollo en manos de todos Armenia tiene 54 quebradas que hacen parte del paisaje y por tanto del patrimonio municipal que debe defenderse.

Por tanto, cuando se habla de protección de los recursos naturales se refiere a proteger, todos, los recursos que hacen parte del territorio.

Que sí, es bonito ver cómo avanza la ciudad en su camino de la urbanización, que se antoja cualquiera de hacerse a un apartamento, pero la conservación del medio ambiente no es prioridad por antojo, se trata de una necesidad de cuidar donde se vive, no por afanes cívicos o culturales, sino de supervivencia que garantizan una mejor calidad de vida.

Es por ello, que las restricciones, limitaciones o normas establecidas para la construcción en la marcha urbana tiene presencia en todo el país, por ende, no es certero decir que “aquí no dejan trabajar”, porque no lo dejarán trabajar en ninguna parte del territorio colombiano si su labor va a generar afectaciones ambientales irreversibles a cambio de un hermoso puente de concreto.

El avance siempre será bien recibido en el Quindío, pero como dijo el año pasado el procurador de Tierra y Sostenibilidad del Eje Cafetero, Diego Trujillo, la idea es que “el desarrollo y crecimiento de la ciudad se diera de la manera más armoniosa con la protección del medio ambiente y con la defensa del Paisaje Cultural Cafetero”.

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