«Le di gracias Dios de que mi esposa no me llevó el almuerzo»: así se salvó de morir  un bombero, cuando se cayó su estación

 

Héctor Aroca, quien en el último año del siglo pasado era cabo del Cuerpo Oficial de Bomberos de Armenia, y ahora sargento, relató cómo de milagro se salvó de morir en la estación bomberil ubicada en la calle 21 con carrera 23, en inmediaciones del Parque El Bosque, de la capital quindiana.

“Me salvé porque Dios no me tenía agendado para ese día, seis de mis compañeros sí lo estaban, y es muy triste tener esa reminiscencia de que en la mañana del 25 de enero de 1999 yo hice el café, repartí a mis compañeros, charlamos y después, -de un momento a otro-, no volver a escucharlos”, comentó Aroca, quien en su relato no podía esconder su tristeza.

“Mi teniente Gómez Agudelo me pidió el favor de que revisara una de las máquinas bomberiles porque él iba a revisar su carro personal, esto porque iba a viajar a Medellín para casarse y este viaje era muy largo, pero lo que no sabíamos era que el viaje largo era para el otro mundo”.

Según manifestó el bombero, llegó el mediodía, una hora que él no hubiese querido que llegara…

“Esperábamos el almuerzo y no habíamos tenido novedad en la mañana, entonces mis compañeros decidieron ver las noticias, jugar en el casino, dormir o almorzar y 5 minutos antes del sismo fui alertado para que saliera en la ambulancia a cubrir una situación junto a otro bombero”.

Un timbre, el llamado de Dios para que saliera de la estación que colapsaría minutos después y ocasionaría la muerte de seis bomberos, entre ellos el teniente Gómez, su amigo.

“Mi compañero se demoraba en salir y subirse a la ambulancia, donde yo estaba, hasta que lo llamaron por el altavoz, -estaba dormido-, por fin llegó y salimos de la estación, a eso de la 1:10 de la tarde de ese 25 de enero de 1999”, señaló Aroca.

Agregó que condujo la ambulancia, salió de la estación, dio media curva a la derecha y al llegar a inmediaciones del teatro Victoria, el terremoto se cruzó en su camino. El reloj marcaba la 1:19 pm.

Todo fue confusión. Nadie está preparado para semejante sacudón que se prolongó por muchos segundos. Era como si un motor por dentro de la tierra quisiera salir a la superficie.

“Como fichas de naipes se caían edificios que estaban en el parque Valencia; postes; líneas de cableado eléctrico; y la  cafetería Las Colinas terminaron en el piso… Frené el vehículo y mi compañero y yo saltábamos como si la calle fuera el mar. El caos y el terror duró cerca de un minuto”, expresó Aroca.

Añadió que no sintió tristeza por las edificaciones que se caían, sino por las personas que estaban atrapadas bajo escombros.

“Vi polvo alrededor de nosotros pero decidimos ir primero a ver nuestras familias y después ponernos a disposición de la estación de Bomberos: comando que sin pensarlo estaba en ruinas y con víctimas mortales”, sostuvo el bombero Aroca.

El sargento, que ahora no ejerce su profesión bomberil pero que la lleva en las venas, sintió paz al ver a su familia en el barrio Alhambra.

“Fui a mi casa, estaban todos bien, di gracias a Dios que mi señora no me subiera el almuerzo y después de saber que estaban bien me puse a disposición de la situación”.

Fueron momentos de horror, dolor, angustia y desesperanza, señaló en esta crónica Aroca, que vivió una película de terror, “en el sector de Miraflores me detuve a recoger pacientes, vi personas mutiladas, heridos, muertos; padres abrazando a sus bebés sin vida, otros removiendo escombros, lo único que pensé era en trasladar los lesionados al hospital San Juan de Dios”, aseveró.

Por más entrenamiento, era imposible contener las lágrimas y ver en carne viva el dolor de la gente. Era muy difícil mirarlos a los ojos y no llorar. El calor era insoportable, se suspendieron casi todos los servicios públicos, en especial la energía y el teléfono fijo, los celulares, aunque ya eran muchos los que había, eran un lujo, sobre todo con minutos.

Cortesía: archivo privado Clara Luz Jaramillo de Botero

En el hospital de Zona conoce la tragedia de sus compañeros

“Después de hacer varios traslados al hospital de Zona, un taxista me manifestó, -hermano sus compañeros se murieron todos, la estación se cayó-, no lo creía y de inmediato me dirigí al parque El Bosque”, relató Aroca.

El bombero, casi con lágrimas en sus ojos expresó que se sentía frustrado al llegar a la estación, verla en escombros; observar como ciudadanos removían piedras y ladrillos caídos para rescatar a sus amigos, pero todo estaba perdido.

“Mi teniente Gómez, mi teniente Gámez, el bombero Hoyos, Hernández y ahora no recuerdo los apellidos de los otros dos compañeros que murieron”, expresó Aroca.

Cortesía: archivo privado Clara Luz Jaramillo de Botero

Añadió que, “mi labor ya no era estar ahí, era recoger y trasladar los heridos al hospital, recorrí toda la ciudad las 24 horas y siguientes días, con combustible que me dio una empresa de buses, para hacer lo que hace un bombero, salvar vidas”.

Finalmente señaló que en la actualidad, no están dadas las condiciones para que Armenia pueda soportar un nuevo fenómeno natural.

LOS JUANES rinde un justo homenaje a estos seis héroes silenciosos:

Teniente Jesús Hernando Gómez Agudelo

Teniente Edison Gámez Callejas

Bombero Jairo Hernández Ramírez

Bombero José Benjamín Guerrero Uchima

Bombero José Fabio Hoyos López

Mayor Nelson Santos

«Le di gracias Dios de que mi esposa no me llevó el almuerzo»: así se salvó de morir un bombero, cuando se cayó su estación

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