LA REFORMA POLÍTICA, LA ENFERMEDAD TERMINAL DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

 

por LUIS DUQUE.

Una reforma política defendida por el ministro Cristo en representación del Gobierno Santos, no debería transcender. Pero como estamos en el país del realismo mágico, todo es posible.

A escasos meses de cesar la horrible noche de Juampa, llamaron a este adefesio de reforma “una revolución pacífica a la política colombiana”. Este parece un mal chiste de Sábados Felices o una alocución de Maduro; pero no, es una realidad. Ahora el gobierno promueve en esta reforma, entre muchas otras cosas, tres graves errores garrafales: el voto obligatorio, la eliminación del voto preferente (listas cerradas) y la financiación completa del Estado a las campañas políticas, argumentando que el gobierno no puede “quedarse quieto viendo cómo se deslegitima la democracia en el país y cómo se pierde la confianza ciudadana” (palabras del ministro Cristo en El Tiempo).

Comencemos por el voto obligatorio. Ejercer el poder intimidatorio del Estado para forzar a los ciudadanos a votar, es el mismo ejercicio que usaban los paramilitares cuando ejercían su poder para incidir en algunas votaciones a mediados de la década pasada en nuestro país. Pensar que obligar a los ciudadanos a votar, solucionará los problemas político-sociales del país, es un grotesco esperpento.  Recordemos que Dilma, Cristina, Toledo y Correa fueron escogidos en países donde el voto es obligatorio, y esto no evitó la ausencia de problemas de gobernabilidad y corrupción en sus quehaceres como mandatarios. ¿Se imaginan la cantidad de votos sufragados en algunas zonas del país, sin la presencia física de los ciudadanos, con el aval del voto obligatorio?

Con las listas cerradas volveremos a la política de bolígrafo. Ahora no será necesario tener la aprobación de los ciudadanos, sólo con la aprobación de los pseudo dueños y jefes de los partidos, Uribe en el Centro Democrático, Gaviria en el Liberalismo, Pastrana en el conservatismo, Vargas en Cambio, Claudia en los verdes, Robledo en el Polo, y no se de quien en la U (porque ese partido ya no le hace caso a Santos), los candidatos tendrán la seguridad de poder estar en los primeros lugares de las listas y para conquistar un cupo en el hemiciclo bogotano. Aquí surgen algunas preguntas que parecen no han tenido en cuenta nuestros honorables congresistas: ¿Cuántos cupos tendrán los partidos en el Congreso que se elegirá el próximo marzo? ¿Quién y cómo se define en que reglón de la lista va cada uno de ellos? ¿Con qué criterio se otorgarán cupos a los nuevos candidatos en los primeros puestos? ¿Será que las personas que consigan para rellenar las listas después del puesto 15, trabajarán y lograrán sumar votos a la lista? ¿Los primeros 10 irán en coche y harán un esfuerzo que no necesitan hacer? ¿Qué pasa si el voto (obligatorio) en blanco vence las listas cerradas?

El tema del financiamiento es tan grave como el de las listas cerradas. ¿Quién puede garantizar que, con el financiamiento estatal, los dineros privados no llegarán a las campañas electorales? En los últimos meses hemos sido testigos de que por más que haya leyes que definan topes de campaña, estos no se cumplen. Acabamos de pasar por uno de los momentos más críticos en el bolsillo de los colombianos:  la reforma tributaria aprobada sin pudor por quienes representan al pueblo colombiano, con el argumento que se necesitaba un aumento de la recaudación de impuestos para “tener estabilidad económica en el país”. Surgen entonces otros interrogantes: ¿Cuánto le va a costar al país, financiar las campañas políticas? ¿Este punto de la reforma política, está pensado para inyectarle recursos a la campaña electoral de las FARC? ¿O esta es una tabla de salvación para los partidos que nadie quiere apoyar económicamente, por haberle dado la espalda a las necesidades de los colombianos? ¿Nos volverán aumentar los impuestos a los colombianos para garantizar el financiamiento de las campañas? ¿Ya tenemos la estabilidad económica que necesitaba el país para avanzar en sus proyectos de modernización y equidad, que ahora podemos incluirle el nuevo gasto en campañas políticas?

Ojalá nuestros congresistas se paren en la raya y no aprueben su propia enfermedad terminal a un gobierno que, al parecer, se va con más penas que glorias de este país macondiano.

info@lduque.com

@LD_Duque

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