Fuentes hídricas del Quindío con los días contados:  si no se controla el turismo desmedido

Después de la caída del Pacto Internacional del Café, en 1.990, el Quindío tuvo que tomar la decisión de diversificar sus fuentes de ingresos. El turismo, desde entonces se convirtió en una de las fuentes de ingresos para el departamento, en donde cada municipio brinda un portafolio de servicios a diferentes clases de turistas: el Valle del Cócora, el Parque del Café, el Jardín Botánico, el Recorrido Cultural Cafetero (Recuca), el Parque de los Arrieros, Panaca, el balsaje, el naciente aviturismo, en fin.

Se podría decir que la región tiene una mezcla perfecta entre arquitectura, gastronomía y paisajes naturales, una que bien podría convertir al territorio en un centro por excelencia de ecoturismo. No obstante, el Quindío está lejos de encontrar un equilibrio entre la conservación de su propio ecosistema y la oferta turística.

Expertos de la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) durante años han manifestado por medio de expertos investigadores el impacto ambiental que viene teniendo el turismo para el departamento, señalando el ingreso desmedido de visitantes cada año como un “turismo sin planificación”. Lo que más se afecta son las fuentes hídricas a lo largo y ancho de los doce municipios.

Se podría de decir, que el balance de los importantes ingresos que llegan, por temporadas a los sitios turísticos, no compensan los daños ambientales, cuyos viajeros depredan, especialmente los santuarios de flora y fauna, que son fábricas naturales de agua, especialmente en la cordillera central, en donde nacen los ríos tutelares que bañan al Quindío.

Hablan los expertos

Orlando Martínez Arenas, el profesional especializado de la Oficina Asesora de Planeación de la CRQ, señaló: “Para demostrar esto basta el ejemplo de Salento, donde este municipio tiene un acueducto diseñado para máximo 6 mil personas y con este mismo complejo tiene que atender en un fin de semana cuatro veces la población de Salento. Estamos hablando entre 8 mil y 20 mil personas que pueden llegar un fin de semana”.

Situación que ha generado una sobrecarga en la demanda de las fuentes de agua potable, razón que ha motivado a la población a deducir que el agua está escaseando, “donde en realidad el agua es la misma y lo que pasa es que la oferta está superando la demanda” aclaró Martínez Arenas.

De esta manera, el turismo que genera recursos y empleo temporal también compromete el agua de toda la población quindiana. Principalmente, porque la afluencia de visitantes y turistas generan contaminación del agua, a quienes algunos expertos atribuyen, ser los responsables del vertimiento de residuos sólidos y líquidos sobre los ríos, fenómeno que se viene presentando en los municipios de Filandia, Armenia, Montenegro y La Tebaida.

Entonces, el turismo se encuentra contaminando las fuentes hídricas y generando una demanda de suministro de agua que supera sus capacidades, que se suma a la oleada de construcciones de hostales, hoteles, restaurantes y viviendas en los diferentes municipios que cuenta con mayor oferta turística.

“La alta demanda que está teniendo la construcción para nuevos habitantes de este pequeñísimo territorio, de tal manera que tenemos la mayor densidad poblacional del país y seguimos con nuestras mismas fuentes hídricas, entonces es importante que la comunidad en general y los quindianos en especial, sean conscientes de que el agua como tal es un recurso que no es posible que lo produzcamos nosotros, es mentira que hablemos de unas fábricas de agua, las fuentes hídricas nos enseñaron hace mucho tiempo que tienen sus límites, como todo en la naturaleza”, puntualizó Orlando Martínez Arenas.

Agotar los recursos naturales del departamento priorizando la atención de turistas, el auge de la construcción, la instalación de multinacionales dedicadas a la megaminería o monocultivos, no debe ser el camino para dinamizar la economía. El Quindío se encuentra en una etapa de su desarrollo como ciudad en donde está permitiendo que sus propios recursos sean explotados con tal de que exista una generación mínima de empleo. Nuevamente, se cambian espejos por oro.

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