Estuve 33 años profundamente dormido: Carlos Lehder

PARTE 2 (Entrevista exclusiva con Carlos Lehder Rivas en libertad)

En su diálogo con el analista político Jorge Torres Velásquez del programa PIDO LA PABRA de LOS JUANES Radio, que se emite por la emisora comunitaria de Salento, Quindío (92.1 FM) y por www.losjuanes.co, Carlos Enrique Lehder Rivas, en su primera entrevista concedida de manera exclusiva a los medios de comunicación del mundo, aseguró que desde la misma noche que fue recluido en una cárcel de máxima seguridad de los Estados Unidos, decidió quedarse dormido profundamente durante 33 años.

El exjefe de uno de los carteles del narcotráfico más poderosos del planeta y el colombiano que más años ha sido condenado en una cárcel de los Estados Unidos, por ese delito (cadena perpetua más 135 años), en una primera parte de la entrevista, ya publicada en este mismo portal, desautorizó a su hija Mónica Lehder, por las declaraciones que por años ha entregado a varios medios nacionales e internacionales. En esta nueva edición de la conversación, relató los detalles de su notificación de libertad, después de más de tres décadas de condena.

“Desde que fui confinado en solitario en la penitenciaría del imperio más poderoso de la tierra (EEUU). Esa misma noche me quedé profundamente dormido por 33 años. Y vine a despertar, cuando sonó el citófono de mi celda, en donde me dieron 15 minutos para alistarme y quedar libre. Me dijeron que mi escolta de deportación ya estaba en la cárcel y que debía ser acompañado por una caravana de carros blindados”.

Así, el quindiano Lehder Rivas, de quien se han escrito infinidad de capítulos de historias, artículos periodísticos, libros y parte de series de Netflix y otras películas sobre el Cartel de Medellín (Pablo Escobar Gaviria), describió el momento en el que se enteró que quedaría en relativa libertad, porque fue conducido a otro centro de internamiento del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), en donde estuvo 20 días más recluido, antes de ser llevado a Alemania.

“Maluco también es bueno”

A Lehder le pudieron endilgar muchas cosas y delitos en su vida, menos que no fuera divertido, un “gocetas” en realidad, el centro de la fiesta y un encantador narrador de historias, quien nunca perdió su buen humor y visión filosófica de la existencia humana, a pesar de su penoso castigo, casi todo en solitario. Al continuar su relato de cómo fue expulsado de los Estados Unidos. Ya como hombre libre y llegó posteriormente a Alemania, dijo con jocoso acento que los “pinches detalles” los sabrán su barra de antaño, acerca de lo que vivió el “Paisa Navegante”, como se autocalifica: “ellos entenderán que cuando la causa es justa, maluco también es bueno”, al referirse a los momentos finales de su reclusión.

Carlos Lehder dejó entrever una profunda nostalgia por sus “compañeros de barra” de su tierra natal, “todos ellos, compañeros genuinos del Quindío maravilloso y tropical”, agregó.

Retomando su narración, indicó que después de la salida del centro carcelario fue llevado “al cuartel de ICE”, en un piso exclusivo para deportables, con capacidad de 35 personas, pero que a su ingreso solo había con él 10 ciudadanos que serían expulsados. La razón del bajo número era la pandemia del coronavirus, que evitaba la concentración de ciudadanos, incluso, en ese tipo de centros.

“La estancia allí era impredecible, pues Europa había cerrado sus fronteras y desde luego, los aeropuertos para vuelos provenientes de los Estados Unidos. La embajada alemana en Washington logró que por una semana se abrieran sus aeropuertos a vuelos selectos de Norteamérica y me montaron en el primer vuelo que salió de Nueva York a Frankfurt”, comentó.

Dos enmascarados me enseñaron a manejar un celular

Ya en el avión, un Boeing 767, que se demoró seis horas entre la capital del mundo y Alemania, Lehder fue acompañado en todo momento por dos agentes de ICE, quienes lo entregaron en las propias manos a la Policía Federal germana.

“Ambos muy amables, enmascarados, me enseñaron a manejar el celular que me había enviado mi hija María del Mar. Ya apoltronado en tremenda silla, distanciado de otros pasajeros, llame a mi María del Mar a darle la palpitante noticia, que en minutos dejaría el territorio y el espacio aéreo norteamericano, para siempre”, sostuvo.

El avión era “un monstruo”, así describió la nave que lo llevó a su segunda patria. Lehder es hijo de padre alemán, por lo que tiene derecho propio a su nacionalidad del país europeo. En su juventud y años de narcotraficante se jactó de ser un consumado piloto que era capaz de desafiar los feroces radares de los Estados Unidos del sur de la Florida para llevar droga a varias islas del caribe, volando por horas casi a unos metros del mar.

“Llegamos triunfantes al aeropuerto más grande de Europa, el (Flughafen Frankfurt am Main), en español Aeropuerto de Fráncfort del Meno. Fui el último en bajarme del avión. Los de ICE me cargaron el maletín y allí mismo estaban oficiales de la Policía Federal esperándonos. No hicimos inmigración ni aduana. Fuimos directo a unas oficinas privadas del gobierno y allí por horas me reuní con varios jefes de diferentes autoridades estatales y federales, que me trataron como soy: familia alemana”, detalló.

¡En Colombia no hay pendejos!

Hoy, este hombre ya de 71 años, con muchas historias pendientes por contar vive en Berlín, absolutamente libre, después de pagarle cerca de media vida a la sociedad y a la justicia de los Estados Unidos.

“Me cuidan mucho y me han ofrecido todas las garantías consagradas en los protocolos de la constitución alemana, incluyendo, la muy significativa cláusula, que prohíbe expresamente la extradición DE CIUDADANOS ALEMANES ¡NNO EXXTRAADDIICCIIOONN! (textual en mayúsculas de la redacción del texto de Whatsapp escrito por Lehder).

Reiteró que está perfectamente de salud y negó todos los reportes de prensa acerca de que padece una enfermedad terminal. “Compañeritos, acerca de mi salud, ya sabéis que siempre he sido un atleta”.

Lehder Rivas concluyó esta parte de su narración, evocando a su padre (Willheim Lehder). Lo recuerdo mucho, especialmente en los transitorios momentos de zozobra en el planeta de las rejas, pues me daban bastante moral positiva. Yo curioso le pregunté de niño a mi padre, ¿por qué te quedaste a vivir en Colombia? Y mi padre con su metálico acento alemán me respondió: hijo, porque en Colombia no hay pendejos”, caricaturizó.

Estuve 33 años profundamente dormido: Carlos Lehder

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