Encierran una mula por  “persecución política”: arriero de Salento

 

 

  • El alcalde se defiende, niega que la decisión tenga móviles políticos y acusa al campesino y a su familia de invadir no solamente el espacio público, sino varios lotes del municipio

Francisco Giraldo Gómez, tiene 70 años y es un arriero con acento montañero “a mucho honor”, dice él. Un paisa de hacha y machete que toda la vida se ha dedicado a la arriería, una de las actividades más típicas a las que aunque parezca raro, en pleno siglo XXI, algunos escasos campesinos se dedican a eso en las montañas del eje cafetero y Antioquia.

Un arriero es una persona que trabaja transportando mercancías como café, leña, plátano, carbón, maquinaria y muchas otras, cargadas fundamentalmente sobre los lomos de mulas, dada la fortaleza de estos animales. El arriero se encarga de arriar y siempre caminando a pie en medio de las mulas, de que éstas realicen sus recorridos, por lo general muy extensos, y de que las mulas cumplan con transportar las valiosas mercancías que cargan de una manera confiable y segura hasta el lugar de destino. Se dice que así se colonizó el eje cafetero, “a lomo de mula”.

Una recua de mulas acompañadas por su amo, es la muestra más auténtica de la que la tradición oral popular cafetera pueda dar testimonio.

“Pelota” es la mula de Francisco, un bello ejemplar que ya está viejo, con 20 años, “más noble que un perro”, pero es su vida.

Ante las hernias que le causaron 60 años cargando más de lo que podía, Giraldo, se dedicó los últimos 15 años a aprovechar a los miles de turistas que todos los fines de semana se toman el más hermoso de los municipios del Quindío: Salento.

“Desde esa época me paro con mi mula en la esquina de la carrera 6ta con calle 4 del pueblo, por la calle Real, a una cuadra de la Plaza de Bolívar. La verdad lo hago con un gusto enorme, porque me nace del alma lo que he hecho toda la vida. Allí, llegan todos los turistas colombianos y extranjeros para tomarse una foto conmigo y mi mula”, sostuvo el campesino.

La verdad es que este hombre de la tercera edad, que no le hace mal a nadie (según él), es la clara muestra de un integrante del paisaje cultural cafetero colombiano, declarado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial y Mundial de la Humanidad. Constituye un ejemplo sobresaliente de adaptación humana a condiciones geográficas difíciles sobre las que se desarrolló una caficultura de ladera y de montaña, como la de Quindío, Risaralda y Caldas.

Con sus mágicas fábulas, este personaje salentino, hace desternillar de la risa a los visitantes y cautiva a los europeos. Es un ícono del pueblo. “Me gano la vida con mil o 2 mil pesitos que me regalan por tomarse una foto, a veces se toman cinco fotos al día y me voy con el rabo entre las piernas”, agregó Francisco, pero en un día bueno, más de 50 personas pueden posar a su lado y al de “Pelota”. Inmediatamente suben las imágenes a sus redes sociales y se vuelven virales en todo el mundo.

La mula en un “calabozo”

Pero la apacible vida del protagonista de esta historia paisa, cambió drásticamente hace dos semanas, replica, cuando en un operativo de la alcaldía en contra del espacio público, la Policía le decomisó a “Pelota” y se la llevó para el “calabozo”. Se interpretó inicialmente la narración del campesino, como una equivocación coloquial, al referirse realmente al coso municipal (albergue para animales), en donde su “mulita”, como le dice cariñosamente, estuvo 10 días recluida. Sin embargo, al verificar una foto suministrada por el dueño de la mula, tomada en una visita, en verdad el sitio de reclusión sí era literalmente un “calabozo para animales”.

“No soy un delincuente, soy un ciudadano que tiene derechos, pago mis impuestos. Lo que gano es para sobrevivir con mi familia. No soy un vicioso, y me duele que me hagan esto. No soy nadie sin mi mula. Ella es mi gran compañera hace 20 años. Lo único que hago es atraer turistas, tratarlos amablemente, contarles historias, hacerlos reír con cuentos de la tierra y ellos disfrutan mucho. Se toman una foto y me regalan algo. No comprendo cómo el alcalde no permite que algo tan autóctono de nuestra cultura cafetera no se muestre, simplemente porque no acepta que yo no esté políticamente con él”, dijo a LOS JUANES Francisco Giraldo.

Aunque la mula ya le fue devuelta, el señor Giraldo dice que se la entregaron flaca y “cursienta”, para referirse a que sufre de frecuentes diarreas.

¿Persecución política?

Al escucharle semejante historia entremezclada con política, los periodistas le pidieron que ampliara su relato y sin ningún recato, el campesino dijo que el decomiso de su mula era una retaliación por militar ahora en el grupo del ex alcalde Jorge Ricardo Parra, actual diputado a la Asamblea Departamental (grupo político contrario al del actual mandatario).

“Nosotros apoyamos a Juan Miguel a la Alcaldía, pero él nos jugó sucio. Por eso cambiamos de bando”, explicó.

Al profundizar sobre el problema, se estableció que Giraldo y su familia invadieron un lote de propiedad del municipio hace 18 años, al mejor estilo de los antecesores del arriero, que fueron colonizando progresivamente precisamente al Quindío, comenzando por Salento, declarado el Municipio Padre, porque por allí fue que entraron los arrieros, todos colonizadores antioqueños, que fundaron casi todos los pueblos del departamento.

“Efectivamente tenemos la posesión de ese lote y el problema radica en que el Alcalde nos incumplió una promesa de campaña, al prometernos que nos iba a legalizar el terreno. No solo nos dijo mentiras sino que nos amenazó después, con que nos iba a tumbar la casita y que nos iba a echar para la calle”, según la versión de Giraldo.

El lote está ubicado en el barrio Frailejones, tiene una hectárea, y según el campesino, paga los impuestos y lo que pretende es que le legalicen la casa, así el municipio recupere el resto del terreno.

Ninguna persecución: habla el alcalde

La historia no quedaría completa si no se le pregunta al alcalde. Juan Miguel Galvis Bedoya accedió a hablar del tema con LOS JUANES, y corroboró que la mula había sido conducida al coso municipal, por violar la prohibición de circular con equinos, “porque se han venido presentando quejas de muchos de estos animales que dañan los carros y asustan a los ciudadanos, todo mezclado con licor. Ante esa situación decidimos prohibir el tránsito de esos ejemplares en la plaza de Bolívar y la Calle Real, que es donde este señor se la pasa. Y ante la negación de que se retirara, las autoridades procedieron a hacer cumplir la ley”, sostuvo el mandatario.

Juan Miguel Galvis Bedoya, alcalde de Salento

Negó que fuera una retaliación política y más bien lo acusó de ser un invasor de predios del municipio. “El señor Francisco y sus hermanos se han dedicado sistemáticamente a invadir y a construir en terrenos públicos. Hay un proceso abierto y serán los jueces los que den la última palabra”, puntualizó molesto el alcalde.

Mientras que se resuelven los problemas legales y “políticos” de Francisco el arriero de Salento, tratará de recuperar a “Pelota” de sus dolencias estomacales y ponerla a punto para seguir posando. De todas formas, según Galvis Bedoya, al señor Giraldo Gómez no se le concederá ningún permiso, y los turistas se privarán de tomarse una de las fotos más codiciadas, para mostrar con orgullo en Bogotá, Nueva York o Berlín, con el objeto de comprobar que realmente los arrieros sí existen y que la cultura cafetera es tal como se lee en los libros y en internet.

Encierran una mula por “persecución política”: arriero de Salento

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