“El Transportador” del terremoto. No  es una película, pero en su camioneta  cargó a más de 200 heridos y 70 muertos

Hay historias ciertas que dejan la boca abierta. Si no se viven es muy difícil creerlas y esta es una de ellas. Pero en las horas y días siguientes al terremoto de 1999 pasó de todo. No solamente muerte y destrucción, sino lo que rodea al efecto de una tragedia monumental: una crisis para la que nadie se prepara ni tampoco está preparado.

Todo es caos, desesperación, miedo, zozobra, incertidumbre, desazón, mejor dicho no alcanza un diccionario de sinónimos. Los que vivieron en carne propia la tragedia de ese lunes, hace ya dos décadas, saben que es cierto. No es exageración.

Es apocalíptico, por decirlo menos. Es como una película de Netflix a las que tiene acostumbrados a sus espectadores.

No hay energía, no hay agua, menos gas, los teléfonos no sirven, no hay señal de celular.

Todo es urgente, claro! La vida de miles de personas pende de un hilo, pero esas mismas personas quieren que los atiendan a ellos y a sus seres queridos de inmediato. Sí, miles de personas tienen esa misma actitud, no es difícil adivinar cuál es el resultado de la situación.

Los servicios de urgencias colapsan, multiplicados por 500. Cadáveres en la calle, niños buscando a sus padres, padres a sus hijos. Llega la noche y el horror es poco.

Obviamente las ambulancias y los servicios de urgencias son más que insuficientes.

“El transportador”

Un ángel anónimo

Héctor Gómez, como cientos de ciudadanos al ver la impotencia de ese día se dedicó a lo primero que se le ocurrió: “salvar vidas”

Lo único que tenía para lograrlo era una camioneta Mazda blanca doble cabina, su vehículo para trabajar en la que hacía acarreos: neveras, trasteos, mercados, en fin.

Pero en esa fecha, se convirtió en la ambulancia del pueblo, de ricos y pobres, de adinerados y desempleados, literalmente de todos.

LOS JUANES es busca de historias no contadas sobre el terremoto de 1999, se encontró con una esas que cualquier periodista paga lo que fuera, con tal de contarla de primero.

“Transporté en mi camioneta más de 200 heridos y 70 cadáveres”, así comienza su relato Héctor, quien salvó a cientos de lesionados por escombros al llevarlos hasta el hospital San Juan de Dios de la capital quindiana.

“Por fortuna a mí y a mi familia no nos pasó nada acá en el barrio Montecarlo y después de darle gracias a Dios, decidí subir en mi automotor hasta la casa de mi madre en el centro de la ciudad”, señaló este ángel.

Y este sentimiento de velar por su progenitora se convertiría en el rescatista anónimo de los heridos que sin ambulancias, taxis u otros vehículos a su alrededor, no podían llegar hasta el centro asistencial de Zona, poniendo así en riesgo sus vidas.

“Por el sector de Miraflores nadie podía pasar porque todo estaba en ruinas, así que me desvié por el colegio Nacional Jesús María Ocampo hasta llegar al barrio La Unión, -esto porque no me podía comunicar con mi mamá porque no había celulares o líneas telefónicas que sirvieran a causa de la tragedia-“, puntualizó Gómez.

Después de dar el recorrido por la devastada Armenia desde el sur de la ciudad hasta el centro de la misma, Gómez conocía la ruta que debía abordar con los heridos que se encontraría y después de saber que su progenitora estaba bien, comenzó sus labor de salvar vidas.

“Con la tranquilidad de saber que mi familia estaba bien, decidí recoger heridos y transportarlos hasta el hospital San Juan de Dios, muchos de ellos murieron en el camino, otros que iban muy graves alcanzaron a salvarse, finalmente contribuí a que muchos hoy puedan contar el cuento”, aseveró el “transportador”, a mucho honor.

A lo anterior, agregó: “Conduje  cerca de dos días, además llevé a los heridos desde diferentes sectores al centro asistencial, como por ejemplo, desde los barrios La Brasilia, Santander, La Terminal y otros de Armenia”.

Consecuencias del terremoto

Más allá de los muertos y heridos y de la destrucción física de vivienda e infraestructura pública, que son el capítulo más reconocible del terremoto, sucedió un fenómeno de visibilización de pobreza en Armenia, en una región acostumbrada a tener buenas condiciones de vida y percibida como próspera por todo el país gracias a su ubicación en el enclave cafetero más importante de Colombia (DNP 1999)

Para el Eje Cafetero, especialmente para el Quindío, Risaralda y norte del Valle del Cauca, el enorme impacto social y económico se refleja en el testimonio del presidente del Concejo Directivo del Forec,        Luis Carlos Villegas, quien señaló que “el Eje Cafetero había llegado a niveles de equidad muy grandes en su clase trabajadora, pero definitivamente era un borde social de miseria y esto se hizo presente al caerse las casas de inquilinato, al descubrirse las muy precarias viviendas en las que vivían miles de familia que no era propietarias de sus inmuebles”.

“El Transportador” del terremoto. No es una película, pero en su camioneta cargó a más de 200 heridos y 70 muertos

EL CORRESPONSAL, INFORME ESPECIAL |