El mural de la discordia

 

El mural que se encuentran casi terminado en la fachada del concejo municipal ha despertado el interés de algunos medios de comunicación y de la comunidad en general, quizás, porque el Sultán que se logra visualizar en las paredes recuerda, inmediatamente, el viaje a Turquía que el alcalde y nueve concejales realizaron hace cinco meses.

El periplo, sustentado por la administración municipal como, “un intercambio cultural” tuvo como resultado, – según los concejales -, la elección de un mural que representara los lazos unidos con Turquía a partir de un convenio. De allí la exposición de un Sultán y los globos aerostáticos celebres del país árabe. Este detalle que para algunos no representa en nada al Quindío, como lo señala Reguina Revdokia, “en ese mural en lugar de globos debe estar el parapentismo. Eso sí es de aquí y no de allá”.

Otros consideran que no es relevante, como Jaime A. Echeverri quien piensa que las razones del rechazo al mural por no ser representativo es un argumento que implicaría “acabar con casi el 90% de los murales de Armenia”.

Mientras, algunos encuentran en la nueva biblioteca de Alejandría algún motivo oculto sobre el temático de la obra. Las palabras claves para los concejales es el café arábigo. Turquía es un país árabe ubicado en el sureste de Europa y suroeste de Asia, el cual, está estrechamente relacionada con el Café.

De hecho, en los inicios de la introducción del café en el mundo árabe tuvo un impacto tan fuerte, que existió una ley turca de la época sobre el divorcio, en el cual, precisaba que una mujer podía divorciarse de su esposo si éste no llegaba a proporcionarle una ración diaria de café.

No obstante, para William Grisales, el mural hace parte de una estrategia programática, que inició con la visita de una diplomática turca para “hacer lobby con concejales y el encargado de la alcaldía”, que permitiría la donación del viaje a Turquía como “intercambio cultural” que a ojos de Grisales “las autoridades políticas de la ciudad, los adoctrinan de una manera muy complaciente y conveniente” aseveró.

Como resultado de conocer la variedad comercial y el potencial turístico del país árabe, en agradecimiento la administración municipal decide plasmar un mural en el archivo del concejo municipal de Armenia “en un incomprensible homenaje al pueblo turco y al festival de globos aerostáticos de capadocia, Turquía, que nada tiene que ver con nuestra cultura, raíces, tradiciones e idiosincrasia” puntualizó Grisales.

Entonces, mientras Turquía estrecha lazos con el Quindío, los concejales adelantan un proceso de disgregación de niveles históricos. El Concejo pretende derogar el acuerdo municipal que rinde homenaje póstumo a las víctimas del genocidio armenio. Básicamente, la iniciativa consiste en hacer a un lado las bases históricas que explican por qué la ciudad milagro se llama Armenia.

¿Qué tiene que ver una cosa con otra?

El genocidio del pueblo armenio ocurrido el 24 de abril en un espacio de tres años comprendidos entre 1915 y 1918, fue perpetuado por los turcos. La petición de eliminar el artículo que establece la conmemoración del homenaje a las víctimas vendría de Turquía.

Sobre esta posibilidad había sido consultado Miguel Ángel Rojas Arias, miembro de la Academia de Historia del Quindío, el 8 de julio por el Concejo. Rojas aseveró que “atender la petición de los turcos de eliminar el artículo que conmemora el genocidio armenio, es un acto de agravio al pacto de hermandad con la República de Armenia”. De esta manera, el “intercambio cultural” se ha trasformado en una sutil injerencia política para realizar cambios a un pasaje histórico de gran importancia para la ciudad.

El mural de la discordia

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