Debate sobre la tarjeta profesional de periodista: ¿no será mejor concentrarse en ser una buena persona?

El proyecto de ley pasó a segundo debate en el Senado y tendría como objetivo que comunicadores egresados de universidades y periodistas empíricos con más de 15 años de experiencia puedan tenerla.

¿Es el fin de la prostitución del periodismo o el silencio a comunicadores empíricos que informan o comunican a la sociedad colombiana?

El anterior es uno de los tantos cuestionamientos que se han generado alrededor del proyecto de ley que pasó a segundo debate en el Senado de la República y que de ser aprobado por el Congreso, sería sancionado por el presidente Iván Duque y así, en el país regresaría la tarjeta profesional para los periodistas.

La propuesta del senador Jonatan Tamayo busca que personas egresadas de una carrera universitaria (10 semestres) o tecnólogos (6 semestres) que hayan adquirido aptitudes comunicativas en la academia, puedan ejercer el periodismo en el país, a través de los diferentes medios de comunicación.

También contemplaría, de una manera salomónicamente  cuestionable, que los denominados “empíricos” (que han aprendido del oficio en el propio medio) y que acumulen mínimo 15 años en la labor puedan obtenerla. Cuando existía en el pasado ese requerimiento, muchos eran certificados en forma fraudulenta para cumplir con el requisito. Eso no es un secreto.

¡Ni mucho que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre!

A nivel nacional están divididas en un 50% las opiniones sobre el “poder” para poder informar, el cual pondría la profesión a la altura de carreras como medicina, derecho o contaduría pública, entre otras, que solo se pueden ejercer con tarjeta profesional. Bueno, hace varias décadas pasaba lo mismo, pero sin ningún efecto real en la profesión de periodista… O mejor, ¡oficio!

“El periodismo por fin será imparcial y los medios de comunicación dejarán de vender espacios radiales, columnas de opinión en periódicos, o televisivos, para que los amigos de los “polítiqueros” y arcaicos atornillados a micrófonos dejen de lograr beneficios sexuales de jovencitas que quieran informar, entre otros. La carrera dejará de ser una prostituta que venda sus notas por $50 mil y hasta por menos”, son algunas de las opiniones en el país. Difícil creer que un plástico haga milagros, pero bueno, este es un país libre. A cualquier congresista se le puede ocurrir un proyecto que lo saque del anonimato legislativo.

Esas voces añadieron también que podrá ser una regulación al periodismo digital y que las plataformas virtuales como Facebook o Twitter no tendrá a cualquiera “desinformando”, manipulando y convirtiendo mentiras en verdades a medias. Es decir, la lengua de muchos irresponsables o “sicarios de las redes” que disparan primero y después preguntan, serían controlados, al parecer.

Otras opiniones en el país señalan que la “universidad de la vida” es mejor que cualquier teoría que puedan recibir en un alma mater, “la experiencia permite comprender mejor y más cerca la realidad”, aseguran los eruditos de los cafés.

“Según el periódico El Espectador se creará una especie de Consejo Profesional del Periodismo para decir cuáles empíricos podrán seguir informando, pero la libertad de expresión es un derecho fundamental que no puede ser coartado y ante una ley de estas iría contra la misma constitución”, señalaron algunos periodistas empíricos.

Quindío opinó

Ante el proyecto de ley y la controversia que ha generado a nivel nacional, LOS JUANES consultó a varios actores del sector de las comunicaciones en la comarca.

Por un lado, le preguntó al director del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Quindío, Ricardo Bejarano, y a Óscar Hincapié, periodista empírico. Dos extremos: uno tremendamente teórico que ha tenido la responsabilidad de formar a cientos de periodistas con “cartón”, y por otro, a “Chuma”, como le dicen los amigos a Hincapié. Él nunca pasó por una universidad, pero es un experto, se podría decir que se mueve como pez en el agua, especialmente en medios radiales, con algunas incursiones digitales.

Por otro lado, al director de contenidos del periódico La Crónica del Quindío, Iván Alejandro Duarte, y al periodista Gilberto Montalvo “La Fiera”. Aunque no concluyó sus estudios de periodismo en la Universidad de Antioquia, es dueño de una pluma mordaz: los que lo leen saben que domina a la perfección el idioma y tiene un humor negro difícil de copiar. Es el hombre de los términos raros, de los sinónimos. Excelente cronista.

Ricardo Bejarano: “Este proyecto de ley fue tumbado hace 20 años por la Corte Constitucional abriendo la posibilidad para que cualquier ciudadano ejerza el derecho a informar”.

“Sin embrago, la discusión sigue abierta y desde la Asociación Colombiana de Facultades y Programas Universitarios de Comunicación, Afacom, de la cual soy secretario, se ha dado a conocer una posición en la que se apoya el reconocimiento como periodistas de quienes hayan cursado y aprobado un programa de comunicación social y/o periodismo en el país o en el exterior”.

Óscar Hincapié ‘Chuma’: “Como periodista empírico pienso que en toda profesión cuando se termine y se hagan las pruebas idóneas para obtener un título, se debe tener un respaldo y en este caso, para los estudiantes de comunicación social y periodismo se les debe entregar la tarjeta profesional”.

“Esto trae varias ventajas, primero porque se le da seriedad a una carrera que ha sido controvertida por mucha gente, segundo, porque respalda y cobija la ley del periodista. En mi caso como periodista empírico no me afecta y creo que a los colegas tampoco porque es hora del reconocimiento a los que estuvieron en la academia y el proyecto del Sena con el Colegio Nacional de Periodistas es muy bueno, porque dará acreditación aptitudinal a los comunicadores empíricos”.

Iván Duarte: “Es un debate histórico el de la tarjeta profesional, un periodista es un historiador del momento por esto requiere una alta formación profesional para contrastar fuentes y sobre todo, un trabajo de altísima exigencia académica, por la responsabilidad ética de honrar la verdad”.

“Pero con todo respeto, hay que decir que existe una gran cantidad de egresados de universidades que llegan a salas de redacción sin saber ejercer la carrera, entonces más allá de que exista la tarjeta profesional, se debe tener el conocimiento para informar con responsabilidad y más hoy en día que se debe investigar contra rumores, falsas noticias, manipulaciones y manejos no ortodoxos, entre otros”.

Gilberto Montalvo: “El tema de regulación por parte del Estado con la tarjeta profesional del periodismo va contra la libertad de expresión que está consagrada en el artículo 20 de la Constitución Política de Colombia, el cual indica que cualquier ciudadano en el país puede opinar y expresarse sobre cualquier tema y más ahora, con las redes sociales que se han convertido en ese medio alternativo”.

“El Estado no tiene porqué acreditar a los periodistas. En grandes naciones los medios de comunicación son los que acreditan a sus periodistas y no los gobiernos”.

En justicia hay que diferenciar que comunicación social es una ciencia muy amplia y el periodismo es solo una de sus ramas, así como lo es la publicidad, la comunicación educativa, la organizacional, la política y otras más. Hay que reivindicar a la academía, destacar su gran trabajo y defenderla a toda costa. La metodología, la planeación y la teoría no se aprenden sino de los expertos, especialmente en la era digital.

A manera de colofón…

Independiente del debate, lo cierto es que el periodismo tal y como se ve y se vive hoy en día, especialmente en las regiones, está infestado de toda suerte de personajes que se aprovechan de esa “gabela” que ofrece la Carta Magna y escudados en el derecho fundamental y sagrado derecho a informar con libertad, fungen de “pseudo-periodistas”, con “graduadora” y todo.

No tienen medio, o a veces sí, pero lo cierto es que lo que menos les importa es informar: sencillamente utilizan los medios para acceder a prebendas, extorsionar, coaccionar y manipular a su antojo los temas. Algunas veces por desconocimiento total y/o pereza de investigar, más otras actitudes reprochables, simplemente porque les da la gana.

Nunca se preocupan por leer, por prepararse, así sea en forma autodidacta.

Su “medio” es el medio, ¿para qué? Vaya Dios a saber.

Ese tipo de personajes que utilizan los eventos mediáticos para llevar hasta la suegra, que se comportan mal, que piden dinero a cambio de posiciones editoriales, que no son éticos, son lo que deben salir del gremio, con o sin tarjeta.

Y no se trata de ser excluyentes, sino simplemente coherentes. Bienvenidos los empíricos, los que aman a esta actividad con pasión y la viven al máximo. Los que no necesitaron ir a la “U” pero se expresan bien en un micrófono, porque leen, son metódicos y disciplinados. Los que intentan escribir y siguen leyendo para mejores sus aptitudes.

Pero también los egresados, quienes en justicia, muchos no son “peritas en dulce”. Que vengan los decentes, los honestos, los amantes de la verdad, los que no venden notas. Porque para ser periodista no es un requisito “sine qua non” haber pasado por una universidad, sino especialmente ser una “buena persona”.

 

“Coincidimos”, en primera persona, con el maestro de maestros del periodismo Ryszard Kapuscinski, ese bielorruso, quien fijo con letras de molde, la siguiente máxima: “Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, y sus tragedias”.

Debate sobre la tarjeta profesional de periodista: ¿no será mejor concentrarse en ser una buena persona?

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